Equi-Aventura '05: parecía más fácil de lo que realmente fué


Dos meses duró nuestro viaje a caballo desde Catalunya a Suiza; era más o menos el tiempo calculado. Pero la verdad es que al principio todo fue tan mal que pensé que no llegaríamos...

El 5 de Agosto empezó la aventura que en realidad fue una mudanza: después de haber trabajado con caballos en Catalunya durante 3 años, decidí montar mi negocio en Suiza, junto con mis tres caballos: Reina, Nando y Salva. El objetivo de este viaje también era transmitir a la gente como se viajaba antes y lo que uno puede lograr con mucha voluntad, preparación y conocimientos sobre caballos.

Los tres caballos no eran los más apropiados para los 1500 km que tenía que recorrer: Nando es un caballo de carreras acostumbrado a distancias cortas y además es muy alto para cabalgar. Salva, la yegüita ideal en principio, ya tiene 22 años, y Reina, preñada de 4 meses al principio del viaje. No obstante, confié mucho en la habilidad y voluntad de mis caballos que gracias a su doma no temen a nada, no se asustan de nada y sobre todo confían en mi.

Además de los caballos había el "Equi-Aventura-Team", unos amigos míos que se turnaban cada una o dos semanas y que organizaban la comida y la "casa" para los caballos y para nosotros.


La ruta empezó en la Cerdanya y durante cinco días transcurrió por Catalunya (Sant Juliá de Cerdanyola, Sant Jaume de Frontanyá, Ripoll, Camprodon) donde, precisamente, no tuvimos las mejores experiencias del viaje: el paisaje era muy bonito y la gente que nos alojaba amable, pero entre que tuvimos una cita con TV3 y con el alcalde de Ripoll, y ni el uno ni el otro se presentaron - y nos quisieron poner una multa en medio de Ripoll por dejar un excremento de caballo en la calle - nuestro estado de ánimo no era el mejor para continuar el viaje.

Pero la situación no mejoró: el peor día de toda la aventura fue el día en que salimos de Catalunya cruzando los Pirineos a más de 2400 metros de altura. Este día no quiero recordarlo nunca más: arriba de todo, debido a la niebla que nos pilló justo en el momento del último ascenso, nos metimos en un sitio peligrosísimo con muchísima pendiente y el Pura Sangre se cayó para abajo. Fue un milagro que no se matara, sólo la silla estaba rota y no sé cómo, llegamos arriba del Coll de Pal dónde nos esperaba una bajada terrible con más niebla, con la inseguridad de no saber realmente dónde íbamos a salir. Llegamos a las 9 de la noche a un camping pequeño, muertos.

Después de aquel día era difícil que las cosas fueran peor. Cruzar el Pirineo fue bonito, pero peligroso por el mal tiempo que hizo: podían caer lluvias y tormentas en cualquier momento.

Después de tantas montañas con algunos caminos realmente horrorosos que no quiero recordar ni en mis peores sueños, estuvimos encantadísimos de ver un paisaje más llano. La región de las viñas empezó. Pero no dejaron de pasar accidentes: cuando llegamos al "Canal du midi" Salva se cayó y se hizo un agujero bastante importante en el labio superior. Una veterinaria de urgencia cosió la herida debajo de una tormenta y lo hizo mal. A pesar del antibiótico no se cerró el agujero y tuvimos que volverlo a coser.

De todos modos el "Canal du midi" fue fabuloso. Justo al lado de los barcos y del canal hay un caminito con muchos árboles grandes donde se puede pasar a caballo en la sombra y sin tráfico. ¡Excelente! porque en Agosto, el calor en el sur de Francia, y además en una región de vino, no se aguanta. Pasamos unos días al lado del canal disfrutando de no tener que leer mapas, solo seguir el agua sin pensar, antes de entrar en una región sequísima: el departamento de l'Herault en Languedoc-Roussilon. En este departamento en principio están muy bien organizados los "randonneurs a cheval", la gente que va a caballo. Existe una red de caminos para caballos marcada en naranja. Solo hubo un problema: los caminos se solían perder en medio de la nada y después de haberse perdido 4 o 5 veces, uno tiene ganas de avanzar, no de perder el tiempo. Estos caminos están hechos para jinetes con guías o mapas de escala 1: 25000, pero nosotros normalmente montamos con 1:100 000 debido a la cantidad impensable de mapas que se tendría que llevar en una distancia tan larga.

Hasta llegar a la altura del Rhône, las viñas dominaban mucho el paisaje y a veces era muy difícil encontrar hierba para los caballos. El cansancio en esta región era grande: primero la falta de comida, luego había que levantarse muy temprano para no tener que estar muchas horas en el sol. Además no sobraba nunca el agua y no podíamos correr el riesgo de que un caballo o un jinete se deshidratara. Por esta razón bajamos mucho del caballo para que no se cansaran demasiado, caminando sin prisas, entre 20 y 30 kilómetros por día. No importaba cuando llegáramos, lo importante era llegar.

El tráfico alrededor del Rhône es importante y no era lo más agradable ir por las carreteras grandes para cruzar este río enorme. Pero no existen puentes pequeños, así que hubo que bucear un poco por la contaminación de las ciudades y carreteras grandes. Intentamos siempre evitar carreteras grandes, sobre todo nacionales, porque la experiencia nos dice que los franceses conducen como locos y no respetan mucho al caballo. Pero la verdad es que las carreteras a veces eran la única opción para llegar más o menos en línea recta a la meta sin tener que pasar por grandes montañas o desvíos.

Hacer una ruta tan larga a caballo es muy diferente a montar solo unos pocos días: no cuentan mucho los paisajes más bonitos porque muchas veces son complicados para cruzar o consumen demasiada energía. Uno quiere avanzar y llegar cada día algo más cerca al destino, sin grandes vueltas ni gastos inútiles.

En el departamento de "Drôme" empezaron las lluvias; días y días no supimos cómo ni dónde secar nuestros zapatos y ropa. Es una experiencia muy desagradable, pero tuvimos tanta suerte de haber pasado por "Nîmes" antes de las inundaciones que no nos quejamos. Después de las lluvias salió el sol ¡por fin! pero ya no calentaba. En poquísimos días pasamos de un verano caluroso a casi invierno sin haber tenido tiempo para adaptarnos. ¡Qué frío! Suerte que en el departamento de la "Savoie" hacen raclette, una especialidad que calienta un cuerpo cansado y con hambre.

Quedaba poco para ver montañas otra vez. Entramos en las montañas de "Franche Comté", en el departamento de Jura, conocido por sus caballos. El Jura fue una de las regiones más bonitas de la aventura, pero tenía tres problemas: primero: hacía un frío de espanto (ya en septiembre bajo cero por la noche), segundo: cada 20 metros hay que abrir un vallado (un problema incómodo si uno está congelado) y tercero: en las aduanas no te dejan pasar.

El último problema fue el más grave, por supuesto. Ya tan cerca de Suiza, lo único que quieres es entrar en el país, pero a pesar de que teníamos todos los papeles correctos, no nos dejaron entrar con la excusa de que esa oficina era demasiado pequeña para tratar caballos!!! Bahhhhhhhh!??? Y nos quisieron enviar a Ginebra, una ciudad enorme y además, cuatro días atrás.

Fué mi tozudez la que me hizo decidir de seguir la frontera hacia Basilea dónde suponía que nos dejaran entrar, pero era una "vuelta de honor" de casi 10 días y al final me puse enferma. Llamé otra vez a la aduana grande para convencerles de hacerles llegar los papeles en coche y que enviaran un fax a la aduana más cercana porqué ya no podía más. Y funcionó!! Cuando entramos en Suiza, tenía ganas de llorar. Nos quedaban unos 10 días para llegar a "Buchrain", mi pueblo, pero estos días ya no tenían importancia, ni los había preparado, ni tenía mapas. Hablando con la gente los primeros días todavía en francés, después de repente en suizo alemán, rápidamente nos explicaron los caminos y estuvimos acompañados de muchos amigos y familiares.

Llegamos al destino después de exactamente 60 días. Los últimos días llovió cómo nunca antes: el cielo lloró por los momentos bonitos y horrorosos, nos limpió de todas las preocupaciones e inundó todas las malas experiencias y problemas que pasamos: Estábamos limpios para llegar: Lavados y sanos; dos cosas no siempre experimentadas en el viaje.


Caroline Wolfer, Reina, Salva, Nando y Equi-Aventura-Team